A comienzos del siglo XIX, mientras la Revolución Industrial transformaba Europa con fábricas de vapor y metrópolis cuadriculadas, una serie de escritores, diplomáticos, pintores y aristócratas y viajeros románticos pusieron su mirada hacia el sur de la península.
Andalucía no figuraba en el tradicional Grand Tour ilustrado de la época; era considerada una frontera agreste, exótica y casi oriental y una extensión del continente africano. Aquellos aventureros no buscaban certezas racionales, sino pasión, misterio, bandoleros caballerescos y la melancolía de civilizaciones perdidas.
Viajar por el sur en aquella época distaba de ser una experiencia apacible. Se realizaba a lomos de mulas, en lentas diligencias por caminos de herradura y sorteando las serranías bajo el temor y la fascinación que despertaban los salteadores de caminos. Las fondas eran austeras y las jornadas interminables, pero la recompensa visual y sensorial cautivó a las mentes más brillantes de su tiempo.
El periplo solía articularse en torno a enclaves que hoy conforman el corazón patrimonial de la región:
- Granada: el epicentro del mito. El diplomático y escritor estadounidense Washington Irving quedó tan fascinado que se instaló en 1829 en algunas de las estancias deshabitadas de los Palacios Nazaríes. Sus célebres Cuentos de la Alhambra (1832) convirtieron a la ciudad en un fenómeno editorial en todo el mundo anglosajón. Junto a él, pintores como el británico David Roberts plasmaron en delicadas litografías cada rincón de la arquitectura andalusí.
- Sevilla: capital del pintoresquismo y del costumbrismo. Enamoró al poeta inglés Lord Byron durante su estancia de tres días en julio de 1809 y al escritor francés Prosper Mérimée, quien halló en los patios sevillanos y en la Real Fábrica de Tabacos la inspiración para su novela Carmen, inmortalizada poco después en la célebre ópera de Bizet.
- Ronda y sus serranías: el escenario por excelencia del abismo y la leyenda. Figuras como Richard Ford (autor del primer gran manual de viajes británico sobre España) o el poeta Rainer Maria Rilke quedaron conmocionados ante el tajo de Ronda y sus impresionantes vistas, consolidando la imagen romántica de la tauromaquia y el bandolerismo serrano.
- Córdoba: donde los viajeros contemplaban con asombro el bosque de columnas de la Mezquita, describiéndola como una joya oriental varada en Europa. John Frederick Lewisfue un pintor orientalista británico cuyas obras y grabados reflejaron con gran detalle la arquitectura y los tipos populares cordobeses
Una repercusión muy importante que nos ha llegado hasta el presente
La huella de estos cronistas no quedó sepultada en las páginas de sus libros; salvó y redefinió el patrimonio que hoy admiramos:
- Protección y restauración monumental: cuando Irving llegó a Granada, la Alhambra sufría décadas de abandono e incluso amenazas de ruina debida a una ocupación sin control. La fascinación internacional que desataron sus crónicas presionó al Estado español para declarar el conjunto Monumento Nacional e iniciar su meticulosa restauración.
- Nacimiento del turismo cultural: los libros de Handbook for Travellers in Spain (1845) escritos por Richard Ford Ford, Irving y Gautier funcionaron como las primeras guías de viaje modernas, trazando rutas que siguen vivas A DÍA DE HOY (como la oficial Ruta de Washington Irving entre Sevilla y Granada).
- Identidad y proyección global: la ópera Carmen, las leyendas de los Palacios Nazaríes y la estética de los patios andaluces o el surgir de los cafés cantantes para la difusión de lo que llamamos flamenco a día de hoy, se integraron de forma indeleble en el imaginario cultural del planeta, convirtiendo a Andalucía en uno de los destinos de lujo y patrimonio más codiciados del mundo.
Aquellos pioneros del XIX demostraron que viajar no consistía únicamente en desplazarse, sino en aprender a mirar con asombro: una filosofía que sigue guiando hoy cada itinerario privado que realizamos a los viajeros que nos visitan por este maravilloso del sur de España llamado Andalucía.